EL RETORNO A LAS CAVERNAS
¿Y que más puedo decir?
Si es un hecho conocido,
Un suceso muy reciente...
Esa masacre de oriente...
Cuando surge un Miguel Ángel,
Asombrando a todo el mundo
Con el premio de los premios
Nobel de literatura.
Cuando trepidan los aires
Con las naves gigantescas
Movidas a propulsión;
Cuando ya nadie se asombra
De ver surcar el espacio
Por satélites de acero
Y astronautas temerarios;
Cuando el viajero que viaja
Se desayuna en Europa
Y almuerza en Nueva york,
Cuando los sabios anuncian
Sus inventos increíbles:
Televisión a colores
Y los viajes espaciales;
Cuando el hombre se prepara
Para viajar a la luna...
Nosotros, en Guatemala,
¡ Hemos vuelto a las cavernas...¡
legiones de trogloditas
y ejércitos de asesinos
invadieron Guatemala
incendiando la pradera
y asolando la campiña...
llegaron como jinetes
del fatal Apocalipsis,
desatando sobre el pueblo
su vorágine de fuego,
de dolor y genocidio...
se alborotaron los buitres
y despertaron las fieras
saliendo de sus cubiles
para lanzarse al ataque...
en la noche tenebrosa
dispararon a mansalva,
como lo hacen los cobardes:
sin conceder ni defensa;
atacaron en cuadrilla,
por sorpresa y sin dar tregua...
intelectuales, obreros,
campesinos, estudiantes
¡ y hasta reinas de belleza
cayeron en ese infierno...!
lloro la noche su pena
con lagrimas de luceros...
el cielo vistió de luto
apagando las estrellas;
quedo flotando en le aire
una angustia sin raíces,
pegajosa y muy espesa,
cual si fuera trementina;
anidaron el pecho
del humilde ciudadano
las palomas mensajeras,
mensajeras del dolor...
el dolor de las angustias
corroyó los corazones...
a la vera del comino
sembraron miles de cruces:
palomas blancas, sin vida,
donde cayeron: Un Pérez,
un Martínez, un García
y las calles asfaltadas
fueron tétrico escenario
del torbellino de sangre
que sembró pavor y muerte...
¡Allá en el campo ¡
también se hicieron presente
los chacales del oprobio,
del fusil y la masacre,
con su mensaje de muerte...
Hasta el pobre campesino
Que vive ajeno a las luchas
Y a las negras ambiciones,
Ya no vio nacer el día,
Ni vio jilotear la milpa,
Ni pudo ordeñar las vacas
Que era toda su ilusión
Porque amaneció tendido
A la vera del camino
Con las manos en la espalda,
Amarradas fuertemente
Y su pecho florecido
¡ con diez amapolas rojas
o diez claveles de sangre...!
¡ ha ¡ mi linda Guatemala ,
Tan digna de mejor suerte
¡ hemos vuelto a las cavernas...!
Yo recuerdo vagamente,
Las historias que escuchaba
En mi infancia ya lejana.
Se referían al hombre
Siempre noble y generoso;
El que venció con su espada
A las bestias mas feroces
Que, contaban mis abuelos,
Asolaban la montaña,
Fue por eso que yo quise
No encontrar en camino
A esas fieras sanguinarias...
Y me tropecé con ellas
Cuando menos lo esperaba,
Pero ¡ ha...! lo increíble,
Esas fieras no eran fieras,
Puesto que todas al verme
Huyeron a la montaña
Temerosas y temblando
Con el rabo entre las piernas.
Entonces busque a los hombres
Para contarles mi pena;
Al hallarme frente al hombre
Ha sido peor mi dolor,
Decepción y sufrimiento;
Cuando vi seres humanos
Con diez garras en las manos
Disparando a sus hermanos,
Sembrando terror y muerte,
Ultrajando a las doncellas
Con sadismo y con lascivia.
Regrese meditabundo
Y me dije, cavilando:
Que la fiera no es tan fiera,
Que son mas fieras los hombres
Y que el hombre no es humano,
Es mas fiera que las fieras...
¡ Que ironía ¡ ¡ Que tragedia ¡
¡ Que tremenda paradoja ¡
Mejor huyo a las montañas
Para buscar a las fieras...
Que son todas mis hermanas
Son mas nobles y mas buenas
Y quizás son mas humanas,
Ellas matan en dos casos:
Para mitigar el hambre
Y poder así saciarse
Y al estar frente al peligro,
Para conservar la vida,
El que mata por instinto
¡ Es el hombre cavernario ¡
¡ Es el feroz troglodita ¡
Defraudado y fatalista,
Con el alma destrozada
Por horribles decepciones
Y, sacando conclusiones,
He podido convencerme
De que en pleno siglo veinte
Este siglo de las luces
En la bella patria mía
Esta tierra de marimbas,
Del mejor café del mundo,
Y de la bella monja blanca
Y la eterna primavera;
Esta tierra de poetas
Esta tierra de cantores
Y de melodías tiernas,
Se produjo fatalmente